domingo, 7 de junio de 2020

algo que hice para un taller literario

"Sentada cada día a las seis de la tarde, fumaba un cigarro con la mirada fija."
Levanto la mirada para ver si alguien objeta a como empiezo a narrar, pero hay aceptación en el aire y en la mirada del profesor así que prosigo.

"Lo sé porque todos los días a las seis coincidía el término de clases con mi llegada a casa, soltar la mochila en la cama y abrir las cortinas para verla ahí, sentada, fumando un cigarro como todos los días. se demoraba 15 minutos en terminarlo, pararse, y ya para ese entonces yo ya dejaba de mirar así que no sabría muy bien qué sucede después, pero sé con certeza que para las siete su mano ya no estaba sobre la ventana y se evidenciaba su ausencia contra el techo de la cocina, a lo lejos." suspiro.
el silencio en la sala deja ver un poco el temblor de mi voz y no sé muy bien a donde voy.

"el edificio de en frente era gris, colmado de ventanas. quizás más ventanas que edificio, toallas colgadas, calcetines, radios, cortinas sucias y rotas. las escaleras pendían frágiles por el costado, algo así como una medida que ojalá nunca se hubiese que ocupar en caso de emergencia."

-innecesaria información y analogía,- me dice Diego. -me da como que no te detuviste mucho en esa parte. Podrías ampliar el detalle de las ventanas y los objetos por ahí.

yo no estoy segura con qué reemplazarlo ni qué más mencionar con las calcetas, la ropa colgada, las cortinas cubriendo su intimidad, qué más puede haber en un edificio lleno de ventanas sucias?

"el sol, alrededor de las cinco, abría un umbral de luz por el cual, por media hora, podía mirar bien el cenicero al borde de su ventanal. y creo que nunca presté atención hasta que empezaron a ser todos los días que llegaba a ver sus uñas rojas a lo alto, sosteniendo un cigarro prendido, mirando quizás qué."

mirando quizás qué. podría estar mirando la grieta de la viga en el edificio vecino, pensando en lo que podría salir de repente de ahí. mirando quizás, los techos de las casas, la gente volviendo al hogar cuando ella está ahí, encerrada, o aburrida.

podría ser una prostituta que todos los días a las seis, espera a su cliente de las siete. pero eso sería muy trillado, podría ser una mujer sola nada más, que sabe que una niña la observa al volver del liceo, o podría no existir, y ser un figmento de la imaginación de alguien, podría no existir ni siquiera la niña y convertirse esto en un relato pretencioso y existencialista. me río.

 con la mirada puesta en la alfombra, se toma la frente para oir mejor, buscándole el hilo a lo que sale de mi boca media dispersa. el compañero de al lado agacha la cabeza sobre la silla y se mira las puntas de los pies, otra mira el centro de la pared frente a ella, con los ojos bien abiertos, como si mirara sin ver, la historia que olvidé ahora un poco dónde empieza y cómo termina.






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