lunes, 19 de septiembre de 2016

Relato de los Tres Reyes (III)

En un mes pasan muchas cosas.

o también pueden pasar muy pocas, depende de lo recepetivo que estés a los peligros del mundo.
no sé de hace cuánto tiempo tengo el corazón roto, pero cada vez voy haciéndolo más trizas más y más amando e hiriendo (que deja en evidencia que no fue amor en primer lugar). usando y dejándome usar por hombres que tampoco se aman a sí mismos.

La primera y última vez que me enamoré fue de un poeta.
tenía 16, cuando aún decía que no a las drogas y me curaba con un vaso de vodka. le decía que no a los hombres y aceptaba, con un amor que no entendía, los tratos del mundo hacia mí.
siempre me dicen que estoy mucho mejor que antes, más consciente, pero a veces no sé.
a veces no sé donde quedó esa niña que cruzaba los brazos y gritaba que no. no voy a fumar. no voy a jalar. no voy a tener sexo contigo y ni siquiera te daré un beso.

Pero la persona que amaba no me entendía, no miraba más allá de si mismo por más que quisiera ser de otra manera, y por mucho amor que sintiera, solo podía ser él mismo
y yo dije que no.

pero a veces siento que aún sufro por ello, aún tantos años después.
empecé a decir que sí. acepté fumar. acepté culiar. acepté los besos de labios desconocidos pero mi cuerpo chillaba en protesta, fueron los dolores más grandes que tuve en la vida, lloraba mientras iba al baño, a medida que adaptaba mi cuerpo virgen a la invasión ajena.
Caí por el primero que me miró, con tal de escapar de donde estaba, de mi casa, de la depresión.
y ya que prometía cuidarme y aceptar mis mañas y sacarme de mi departamento maloliente, lo esperé y sufrí de nuevo, sufrí por mi propia negligencia a aceptar que en el fondo, no quería eso.

lloré todos mis cumpleaños, cada uno de ellos, antes y después, le rogaba a Dios que no llegara el día que quedara manifiesto que otro año más estoy sola de nuevo y sigo atrapada.
lloraba y peleaba en el colegio, los odiaba a todos, y luego me quejaba por mi soledad.

ya fumaba todos los días, era cosa de cada día maldecir entre dientes cómo me dolía después de tener sexo. sufría entre obsesión tras obsesión por personas, era enfermizo
todos los años dejaba de ir al colegio antes.
y todos los años me iba llorando porque nadie me preguntaba qué onda.
por qué faltas tanto al colegio? estás bien?
cómo están las cosas en tu casa?

y jamás hice ni un amigo, nadie, nadie que se mantuviera con los años conmigo, nadie que me dijera que no hiciera webadas, que dejara de acostarme con sacoweas, que cómo te metes con ese weon, déjate de fumar, deja de tomarte la pastilla del día después. debí decirme a mí misma.
bueno, ahora me estoy diciendo a mí misma.

pero hasta antes de eso, llega Phillip a mi departamento y fumamos. y hablamos.
Y no quiero nada aún con él, pero lo invito a quedarse a dormir igual.
y me lo tiro igual.

un día viene el conserje, otro día viene Phillip.
un día me tiro uno, otro día me tiro otro.

encuentro morbo en ser usada por gente que no amo, encuentro morbo en el aro de la lengua del Phillip, en su actitud conmigo, en su poder que yo mismo le doy.
y todo el rato pienso que me estoy vengando de Joshua, que me lo estoy cagando, que estoy ganando, cuando es todo lo contrario, porque yo sola acaecí esta desgracia en mi misma.
 este relato es pa puro dar pena, porque no soy nadie bacán por esto.
no conseguí nada más que humillarme y doler.

 y lo correcto sería volver a ser quien era antes, verdad?
a ser una niña de 16 que se protege de los males del mundo, que no se droga, que no tira sin amar realmente, desde el fondo de su corazón.

que estudia, que quiere ser alguien realmente bacán en la vida, que escribe historias con propósito más que desahogar y ventilarse la vida propia a un montón de viejos con la tula afuera ojeando mis historias, mandándome mensajes pretendiendo algo que no quiero, creyendo que los deseo.
tengo miedo de que si no me exhibo no me van a pescar, no van a apreciar lo que escribo, tengo miedo de crear fuera de mí misma y lo que he vivido, tengo miedo de tomar el camino difícil en vez de desnudar conmigo a gente sin su consentimiento.

son tres reyes que siguieron la estrella para llegar a Belén.
son tres objetos de mi obsesión y fantasía sin ningún fundamento más que mi capricho.
una analogía estúpida solo porque los tres vienen del norte, y me trato de sentir especial cuando lo único que pasó fue que me presté para un juego medio extraño de tres turnos, a los cuales les soy completamente indiferente, en verdad.


 y debió ser la historia de un solo Rey, pero supongo que no pudo ser, no sabía verlo no más, no podía sentirlo, mi dependencia es muy grande, mi inseguridad muy fuerte.
hoy querría otra oportunidad para rescatar lo mejor que sentí, lo más cercano a la libertad.

pero quizás me estoy engañando.
mi corazón sigue hecho trizas.
no puedo amar a nadie.


2 comentarios:

  1. Hola, quería comentar que me encanta lo que escribes y como escribes, sea todo verdad o ficción, no dejes de hacerlo, tienes un lector cautivo de tus historias.
    ciudate!

    ResponderEliminar
  2. Algún día conocerás algo más que el sufrimiento... Me conmovió tu historia y me intriga lo que hay detrás y no cabe en las letras. Yo cuento historias en formato audiovisual, cine. Si algún día te interesa, escríbeme a ruidoblanco92@gmail.com. Un abrazo

    ResponderEliminar

tirate un feedback perrito